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Irán Maravilloso en 10 dias

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1 comentarios positivos

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Recientemente, en mi viaje a Irán, he podido comprobar lo diferente que es este gran país respecto a la “mala imagen” generalizada a la que estamos acostumbrados en Europa en gran medida por culpa de los medios de comunicación. Irán es un país espectacular y sorprendente, ya no solo por sus fastuosas mezquitas, sus variopintos paisajes que te dejarán sin aliento, sus bazares llenos de olores y colores, su rica gastronomía, su patrimonio arqueológico… Irán tiene un tesoro, que es sencillamente su “gente”.

Desde que llegas al país todo es cordialidad, respeto, hospitalidad, desde los policías del aeropuerto hasta cualquier tendero de los bazares o un simple taxista. Los iraníes estarán dispuestos a hacerte más amena tu estancia, están orgullosos de que vayas a visitar su país.

Podrás caminar tranquilamente por sus calles, verás a las familias reunidas en los parques comiendo y tomando té, a los grupos de jóvenes cantando, haciéndose fotos y divirtiéndose en grupo. Seguramente más de un iraní te ofrecerá un trozo de su sandía ó te invitará a un té a su casa.

Irán es un país gratificante en todos los sentidos, y está cada dia abriéndose más al mundo, y por supuesto, reafirmar que es uno de los países más seguros hoy por hoy para visitar. 

Usuario Experto Juanse Opinión de nuestro experto
LO QUE TU VIAJE INCLUYE

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Desayuno incluido Régimen de alojamiento

Visitas guiadas Con guía habla hispana

Traslados De entrada y salida

INFORMACIÓN DETALLADA

Irán, uno de los países musulmanes, y no musulmanes, más seguro para viajar, tierra de civilizaciones antiguas, fastuosas mezquitas, espectaculares paisajes y sobre todo su gente, hospitalaria y respetuosa, siempre con una sonrisa en la cara dispuestas a hacerte más amena tu visita al pais Persa.


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día 1.   Origen - Shiraz

A la hora prevista presentación en el aeropuerto para volar a Irán

día 2.   Shiraz

Llegada, gestión y trámites de visado. A la llegada nos recogerá personal de nuestro receptivo. Llegada al hotel, y tiempo de descanso. Alojamiento en el hotel. (hotel está reservado desde 14:00 p.m) Llegada a histórica ciudad de Shiraz capital de la provincia de Fars conocida como “la ciudad de las flores y los poetas” (los poetas persas Hafez y Sa’di); aunque antes de la revolución el eslogan era algo distinto “la ciudad del vino de las bellas mujeres”. Sus mezquitas, los mausoleos, el bazar, los jardines, sus amabilísimas gentes, …, y la época en que la visitamos donde nos embriagaremos con la fragancia del azahar que inunda la ciudad. Ubicada en una verde llanura a los pies de la montaña Allah-o-Akbar y bañada por el río Khoshk, es un centro de ciencias, y un lugar donde la convivencia entre las comunidades judías, cristianas y musulmanas es su seña de identidad. Shiraz creció en tiempos de la dinastía sasánida. A finales del siglo VII que conquistada por los árabes. Posteriormente, al igual que pasó con la ciudad de Yazd, la habilidad de sus gobernantes de la dinastía local Atabak, evitó que las hordas de Genghis Khan pasara a cuchillo a los habitantes de la ciudad. Lo mismo ocurrió con Tamerlán, que casó su nieto con una nieta de un monarca local. Los sucesores de Tamerlán embellecieron la ciudad, impulsaron el florecimiento de todas las artes, llegando a ser referente de todo el mundo musulmán. La dinastía safávida (1501-1722) continuó edificando palacios y mezquitas tanto en Isfahán como en Shiraz, llegando a eclipsar a las urbes más importantes de su tiempo. Con el fin de esta dinastía las desgracias se cebaron con la ciudad (terremotos devastadores e invasiones afganas), hasta que apareció la dinastía Zand, dirigida por Karim Khan, que la convirtió en capital, y la dotó de lujosos palacios y jardines. La llegada de los qajars en 1791 significó una nueva pesadilla para la ciudad que fue saqueada, de la que despertó un siglo después cuando algunas poderosas familias construyeron grandes obras arquitectónicas. 

día 3.   Shiraz

Desayuno buffet en el hotel. Iniciamos nuestra visita a esta bellísima ciudad de Shiraz, con la Fortaleza Karimkhani, recinto en forma de castillo almenado, con altas paredes de ladrillo y cuatro torres cilíndricas situadas en las esquinas, que se asemeja a una fortaleza medieval. Construido entre 1749 y 1779 como una de las residencias de Karim Khan,tanto los muros como las torres están decorados formando dibujos geométricos con un excelente trabajo de ladrillo. Sobre la puerta principal destaca un mosaico de azulejos con una escena de la mitología persa. En el interior, un amplio patio se adorna con un estanque y árboles frutales, así como un hamman. Seguidamente visitaremos el amplio y dinámico Bazar Vakil, uno de los más grandes del país, que recorreremos calmosamente y descubriremos sus seductores rincones, como algunos de los patios con sus correspondientes estanques o su imponente caravasar; también veremos el Saray-e Moshir, edificio de dos pisos con un estanque octogonal en el centro, construido en 1871 como centro de negocios del bazar; los magníficos baños Vakil Hammame, hoy transformados en un museo antropológico con personajes de cera. Plenamente integrada en la estructura del bazar, se encuentra la Mesquita Vakil, obra maestra construida, como tantas edificaciones, por Karim Khan en el año 1773. Una sala octogonal cubierta por una cúpula nos dará acceso al impresionante patio con un estanque central. Su estructura es diferente a la tradicional mezquita iraní, ya que solamente encontraremos dos iwans. El santuario de invierno, situado detrás del iwan sur, se sostiene con 48 columnas con el fuste en espiral, rematadas con un capitel con tema vegetal. El púlpito de la sala (manbar) es de mármol. Llegaremos hasta la Mezquita Nassir-ol-Molk, construida entre 1876 y 1888 por la dinastía Qajar, y restaurada. Podremos contemplar en todo su esplendr su bello pórtico de entrada, sus cúpulas y paneles arqueados. Recias columnas de piedra sustentas los techos de las salas de oración; los azulejos conforman una decoración armónica y variada; sus diferentes diseños colores y dibujos la hacen inimitable: las vidrieras capturan la luz del sol y crean una obra prodigiosa de luz en el piso de la mezquita, ganándose el nombre de “Mezquita Rosa”. Aunque algunos de los azulejos que la decoran son de ese color, es como si bajo el sol, se vieran todos los colores. Almuerzo en restaurante local.

Shiraz se encuentra salpicada por encantadores jardines, visitaremos el más bello, el Jardin Eram (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2011), de forma rectangular, ocupa 12,7 m y fue construido durante el periodo qajar. Se alimenta de varios ganats que también sirven agua a la ciudad; palmeras y cipreses combinan con los vivos colores de las rosaledas y otros conjuntos florales. Seguidamente marcharemos al jardín Hafezieh, donde visitaremos el Mausoleo del poeta Hafez (1324-1391), una de las máximas glorias de las letras persas. Se dice que sabía recitar de memora el Corán de principio a fin y a la inversa. Su obra es equiparable a la de Ferdowsi, otro poeta legendario persa. Si en este último destaca por la épica, en Hafiz predomina la lírica. En la parte alta de los jardines destaca la glorieta, bajo la que se encuentra la tumba de alabastro, y en la que están escritos algunos de los más famosos poemas de Hafez. La cúpula se sustenta por columnas y representa el sombrero que usan los derviches y en su parte inferior está recubierta de azulejos esmaltados. Por último visitaremos el Mausoleo Shah-e Cheragh, conocido también como “Santo Sepulcro de Sayyed Mir-Ahmad”. Se trata del centro de peregrinación más importante de la provincia y uno de los más sagrados del país. Sayyed Mir-Ahmad, hermano del Imam que se encuentra enterrado en Mashan, en el 835 fue martirizado y con el tiempo su tumba se convirtió en un lugar venerado. El edificio actual es del siglo XIX. Un portal con un excelente decoración de azulejos nos dará paso al patio interior, uno de los mayores del país. Sobre el mausoleo destaca la cúpula sostenida por un elevado tambor y el minarete, ambos recubiertos de cerámica. El interior del mausoleo está completamente recubierto con pequeños espejos; el panteón que encierra la tumba es de plata. Alojamiento en el hotel.

día 4.   Shiraz- Persepolis- Naghshe Rostam-Pasargad - Yazd

Desayuno buffet en el hotel. A algo más de 70 km de Shiraz se encuentra Persépolis, (“Ciudad de los Persas) a los que los persas llamaron Takht-e Jamshid. Fue fundada hace más de 2500 años por Darío I El Grande, fue la capital de un impero que se extendía desde la India al mar Egeo y desde Egipto al mar Negro. La vida palaciega de esta ciudad queda comprendida entre el 518 a.C. (inicio de la construcción por Darío I) hasta el 331 a.C. (destrucción por las tropas de Alejandro Magno). Durante ese periodo los monarcas Jerjes y Artajerjes I ampliaron y glorificaron la obra. Las ruinas se encuentran al pie de una colina donde sobresalen unas colosales columnas de mármol ajadas por el tiempo y coronadas por capiteles de cabeza de toro, además de unas escalinatas de piedra caliza. En su día había techos de cedro libanés sobre las paredes de adobe, puertas cubiertas de oro y alrededor de la ciudad, un muro de 18 metros. Persépolis fue concebida como un escaparate de esplendor imperial más que como sede de gobierno. Fue el escenario de el Noruz (año nuevo del calendario persa, que se celebra en Irán coincidiendo con el equinoccio de primavera), que atraía a miles de visitantes que montaban allí sus tiendas y que dejaron en los gastados bajorrelieves de piedra la muestra de largas procesiones de gente llevando tributos al emperador. Alejandro Magno incendió y saqueó Persépolis dejándola misteriosa y dormida para la contemplación del viajero de tiempos futuros. Después del esplendor de mezquitas, mausoleos de hombres santos y escuelas coránicas, cuyos minaretes, cúpulas y portales compiten entre sí por acercar lo más posible al cielo la belleza de sus filigranas de ladrillo y yeso recubiertas por un arco iris de cerámicas esmaltadas, obligando al viajero a mirar siempre hacia arriba, nos plantamos en esta mítica ciudad símbolo del refinamiento del antiguo imperio persa. Su emplazamiento no era el más adecuado en caso de asedio, pero quizás los reyes aqueménidas convencidos de su superioridad militar nunca se sintieron amenazados. La riqueza acumulada era incalculable. Según Plutarco, Alejandro Magno necesitó 500 camellos y 100 asnos para llevarse los tesoros allí guardados. El conjunto palaciego de Persépolis (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1979), se encuentra situada sobre una terraza artificial de 450x270 m, sobre la que se levantaron todos sus palacios y edificios, que fueron construidos con grandes piedras unidas entre sí sin ningún tipo de argamasa. Sobre la explanada sobreviven algunas plataformas formando cuatro niveles distintos: los edificios de las zonas más altas corresponden a las dependencias más nobles y las más bajas a las dedicadas a servicios. Subiremos por la Escalera Monumental, hasta alcanzar el borde de la explanada donde podremos admirar la magnificencia del conjunto; llegaremos hasta la Puerta de todas las Naciones (o Puerta de Jerjes), de planta cuadrada, con tres grandes puertas en las que se alzaban colosales esculturas; la Apadama, el salón de recepciones de Darío, se alza sobre una nueva plataforma de 76x76 m y en sus esquinas se levantaron unas torres de planta cuadrada. En el interior, 36 columnas de 19 m de altura, sostenían enormes vigas de madera de cedro. Podía albergar 10.000 personas. Durante las fiestas del equinoccio de primavera los monarcas de estados vasallos se reunían aquí para ofrecer tributo al Rey de Reyes aqueménida. Son excepcionales los relieves de la Apadana, decoraciones escultóricas que engalanan las escaleras que dan acceso a la misma, en las que se relatan los fastos y ritos que cada año se celebraban durante el Año Nuevo. En los del sector sur se narra la recepción de las 23 naciones vasallas llegadas desde todos los lugares del imperio aqueménida. Debemos fijarnos en los ropajes y tocados de sus respectivas naciones, así como las armas y monturas y los obsequios, diferentes según la procedencia; al este nos encontraremos con el Salón de las Cien Columnas (o Salón del Trono), construido por Jerjes y acabado por Artajerjes I de planta cuadrada, tenía 100 columnas de 20 m de altura; posee un relieve que representa a Darío sentado en su trono y enfrente de él un noble meda; el Palacio de Jerjes, en cuyos muros se observan relieves que representan a Darío I y Jerjes; el Palacio de Darío I, muy mal conservado, solo permite identificar la distribución. Almuerzo en restaurante local.

A unos pocos kilómetros de las ruinas de Persépolis veremos aparecer una gruesa montaña de piedra teñida de desierto, y surgirán de la nada cuatro tumbas inmensas perfectamente esculpidas en la roca como hipogeos en forma de cruz, se trata de la Necrópolis de Naqsh-e Rostam, el lugar que fuera última morada de grandes reyes aqueménidas. En ningún otro lugar de Irán se puede encontrar un conjunto monumental con una carga tan variada del pasado persa; aquí se dan cita los reinos elamitas, aqueménidas y sasánidas. El período de construcción se remonta a los tiempos preaqueménidas (entre 2500 y 2000 a.C.) hasta el 438 d.C. en plena dinastía sasánida. La visión es impresionante. Aparecen ante nosotros cuatro inmensas cruces excavadas en la roca en cuyos interiores se abren las tumbas de Darío II (424-404 a.C.), Artajerjes i (464-434 a.C.), Darío I (521-486 a.C.) y un panteón inacabado, probablemente destinado a Darío III (336-330 a.C.). Formando ángulo de 90º se encuentra la tumba de jerjes (484-464 a.C.). La tumba de Darío I, la cruz  mide 22.5 m de altura. Unas columnas simulan sostener la zona superior ocupada por unos bajorrelieves en los que se ve a Darío ante Ahura Mazda sostenido por las 28 naciones vasallas. El resto de tumbas copian la forma y la decoración. Al otro lado de la explanada, se alza una sólida torre de fuego, conocida como “Cubo de Zaratustra”, construida en época aqueménida, está formada por grandes sillares de piedra caliza blanca, mide 12.80 m de atura y la base es cuadrada de 7 m de lado. Se desconoce la utilidad de la torre. Cerca de allí, podernos observar unos bajorrelieves de la época elamita, considerada una de las obras más importantes del Imperio Medio Elamita (1100-10 a.C.). Continuamos nuestra ruta, y llegamos a Pasagarda (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2004), situada en una altiplanicie a 1.900 m de altura, en un lugar frío y desapacible. La historia nos describe a Ciro II el grande (alrededor del 599-530 a.C.) como el hombre que supo crear la idea de un imperio, que infundió a su pueblo la confianza para conseguirlo, y que tuvo la habilidad para convertirlo en realidad. Ciro era hijo de Cambises, de la casa de los Aqueménidas, príncipe de Anshan, y de la princesa meda Mandane, hija del rey de los medos Astiages (Ishtuwegu), de quien Cambises era un fiel vasallo, y a quien Ciro derrótó en la llanura de Pasagardae, en el 550 a.C. Por ello decidió edificar su capitán en el mismo lugar. Ciro perdonó a Astiages, y ello sirvió para fortalecer la unión de ambos pueblos. Esta política de integración constituyó uno de los referentes de su política exterior, junto con su tolerancia religiosa. Entre las disposiciones de Ciro hay que destacar la liberación de los judíos y la orden de reconstrucción del templo de Jerusalén. El gran prestigio que estas conquistas le granjearon hizo que la mayoría de los reyes de Siria, junto con las ciudades fenicias, le rindiesen vasallaje, con lo que los persas consiguieron los servicios de las flotas de éstas. En el 530 a.C., emprendió una campaña contra los masagetas en el norte de su reino, en el curso de la cual encontró la muerte. Almuerzo en restaurante local.

Es probable que la ciudad nos resulte decepcionante por los pocos restos que quedan de ella. Sin duda lo mejor conservado es la masa pétrea de la tumba de Ciro el Grande, única de este tipo en todo Irán. La edificación es muy simple y recuerda un zigurat en miniatura. Construida con piedras megalíticas, de forma piramidal escalonada, con el mausoleo en lo más alto, provoca una tremenda sensación de solidez. La base mide 13.50x12.20 m y sobre ella se alza una estructura de planta rectangular de 5.30x5.20 y 6 m de altura, también construida con grandes piedras y cubierta por un tejado a dos aguas. La entrada al sepulcro se realizaba a través de una pesada puerta de piedra, que una vez cerrada solo podía abrirse desde el interior gracias a un ingenioso mecanismo. Alejandro Magno visitó la tumba en diversas ocasiones y a la vuelta de la India comprobó que había sido expoliada. El cuerpo del Rey de Reyes fue embalsamado y colocado en el interior de un sarcófago de oro, situado a la vez sobre una cama del mismo metal, y rodeado de valiosísimos tesoros. No muy lejos de la tumba se encuentran los restos del Palacio privado de Ciro, del que solo quedan la base de varias columnas; también podremos observar unos bajorrelieves, el más importante de ellos es la obra más antigua de período aqueménida que se conserva, se trata de una estela de 3 m de altura que representa un personaje con cuatro alas. Junto al palacio se extiende el Jardín de Pasagarda (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2011), del que hay que advertir desde ya, que no veremos un jardín como tal, ya que se trata solo de un conjunto de vestigios arqueológicos. Por los estudios realizados, se ha comprobado que el jardín real ya mostraba todas las características del jardín persa: integración en la arquitectura, la geometría chahar bagh y la presencia del agua. Las evidencias arqueológicas demuestran que existía un suministro de agua proveniente del río Polvar (a 35 km al norte) y se conducía hasta el palacio con presas y canales. Llegar a Yazd y visita La ciudad de Yazd, es una de las más antiguas de Irán y un vivo ejemplo de la típica ciudad del desierto. En la zona donde confluyen las tierras yermas del Dasht-e Kevir y del Dasht-e Lut, en el extremo occidental del desierto, surge una ciudad-oasis única. Ninguna otra gran población de Irán tiene una fisonomía parecida. Multitud de cúpulas redondeadas de adobe combinan con los badgir (torres de ventilación) que se elevan por encima de los tejados. En muchos barrios las construcciones siguen siendo de arcilla. La apariencia de esta ciudad se debe a las temperaturas extremas de verano (superan los 40ºC) e invierno (-8ºC) y a las pocas precipitaciones. Fue parada obligada de las caravanas antes de adentrarse en el desierto, y el primer puerto seguro en el regreso de India y China a través de la Ruta de la Seda. Es también un importante centro de la religión zoroastriana que ha sido habitada durante siglos por iraníes que practicaban esta religión. Su fundación se atribuye a los elamitas. Existen evidencias del culto al Sol y a la diosa Anahita antes del gran apogeo zoroastriano. La región fue conquistada por los árabes en 651. Los gobernantes de la dinastía Kakoul (siglo XII) dieron un gran empuje a Yazd, construyendo numerosas mezquitas, escuelas y amurallando la ciudad con cuatro entradas. Debido a la habilidad de sus gobernantes, la ciudad no fue destruida ni con la invasión de las hordas de Gengis Kan ni con la de Tamerlán, que incluso llegó a construir un palacio. Los reyes safávidas impulsaron el comercio; la llegada al poder de posteriores linajes, provocó la caída en importancia de la ciudad. Actualmente Yazd posee una animada actividad social y es conocida por su artesanía, a pesar del desarrollo de la industria mecanizada en las últimas décadas.

Comenzamos la visita por el Templo de de Zaroastro o Atashkadeh (“Casa del Fuego”), sede de los zoroastrianos de la ciudad y el centro más importante de los seguidores  de esta creencia en Irán. El edificio fue construido en 1934 con ayuda de los parsis (practicantes de esta religión descendientes de los persas que habitan en Bombay). Se trata de un edificio sencillo, con un patio frontal ocupado por un estanque; un porche da acceso al interior donde en un altar se guarda el fuego sagrado, lejos del sol. Este fuego eterno se cree que está ardiendo sin interrupción desde el siglo V. El fuego original se encendió en el templo de Pars Atashkarian, donde ardió durante más de 7 siglos. Se trasladó a Ardakán en 1174 y de allí fue transferido a Yazd en 1474, siguió viajando y, en 1935 fue transportado al lugar que ocupa actualmente. En la sala que se abre frente al altar se exhiben cuadros con oraciones zoroastrianas y libros relacionados con la antigua religión. En la fachada del edificio y sobre el porche, se observa el símbolo de Fravahar, el mismo que podemos ver en muchos de los relieves de Persépolis, el emblema zoroastriano de Ahura Mazda.

Situadas en dos colinas se alzan las Torres del Silencio o darkhmeh (“cementerio”), de planta circular que sirvieron como lugar de inhumación. Los zoroastrianos renunciaron a enterrar o incinerar sus cadáveres, ya que creían que la tierra y el fuego eran dos elementos sagrados, por ello los cadáveres se exponían en lo más alto de las edificaciones y eran dejado a merced de los animales carroñeros que consumían el cadáver; más tarde los huesos eran arrojados a un pozo abierto en el interior de las torres y se cubrían con cal viva. Los creyentes zaroastrianos siguieron inhumando los cuerpos hasta bien entrado el siglo XX, hasta que, por motivos sanitarios fue prohibido.

día 5.   Yazd - Isfahán

Desayuno buffet en el hotel. Continuamos con la visita de la Mezquita del Viernes (Masjed-e Jame), una de las más grandiosas de Irán. Con su enorme entrada y dos altísimos y fascinantes minaretes (los más altos del país), la mezquita domina el casco antiguo de la ciudad. El edificio se levanta en el mismo lugar donde antes había un templo del fuego zoroastriano. La parte más antigua data del siglo XII, pero casi toda la estructura es del siglo XIV. La cúpula, muy proporcionada, se eleva sobre una planta octogonal. El mihrab y la decoración de la sala de oración son del año 1365; los azulejos y su disposición son auténticas obras de arte.Pasearemos por el casco antiguo de la ciudad, y experimentaremos todo el exotismo de Oriente Medio en una de las ciudades más antiguas del mundo. Sus estrechas callejuelas, llamadas sabbats, tienen las paredes de las casas unidad por arcos, que sirven para poder cubrir callejones y pasadizos y dar sombra a los paseantes. El Barrio de Fahadan, con unos edificios muy antiguos, y un ambiente tranquilo y recogido, donde podremos ver el Mausoleo de los 12 imames, edificio de ladrillo y de pequeñas dimensiones fue construido durante el período selyúcida, en 1036; en el interior nos envolverá un profundo vacío roto solo por unas inscripciones en caligrafía cúfica, con los nombres de los doce imames; cerca de allí la Prisión de Alejandro que hizo construir Alejandro Magno cuando pasó por Yazd, pero el edificio actual es de 1233, y su exterior muestra una estructura de 6 lados con ladrillos esmaltados en color turquesa formando dibujos geométricos. Llegaremos hasta la Complejo Amir Chagh Magh, del siglo XIV, con su imponente portada parecida a la de una mezquita, con un iwan de dos niveles y tres cuerpos flanqueados por dos esbeltos minaretes que se añadieron en el siglo XVIII, y su frontal revestido por azulejos. Caminaremos por esta mágica plaza en la que, como no podía faltar encontraremos su pequeño bazar (en todo el casco antiguo hay 19 bazares), que satisfacen las necesidades diarias de sus residentes; un tekyeh, o lugar de duelo, donde los chiítas se reúnen para conmemorar el martirio de Husein Ibn Ali; una pequeña mezquita de la misma época que la plaza, que fue construida por Amir Chagh Magh y su esposa, con su iwan y decorada con azulejos en la fachada; la famosísima pastelería Haji Khalife, donde el que quiera podrá disfrutar de sus deliciosos dulces (Yazd tiene el índice más alto de diabéticos del país); y un Zurkhane o gimnasio tradicional, que tiene la peculiaridad de estar construido en el interior de un inmenso depósito de agua. Salir hacia Isfahán y alojamiento.

Llegada a Isfahán de quien André Malroux manifestó: “¿Quién puede afirmar que ha visto la ciudad más hermosa del mundo si no ha contemplado la ciudad de Isfahán?

Las orillas del río Zayandeh estuvieron habitadas desde el cuarto o quinto milenio antes de Cristo. Hacia el 3000 a.C. llegaron tribus arias que se mezclaron con los nativos y empezaron a construir fortificaciones. Durante el período aqueménida Isfahán fue tomando importancia y en el siglo V a.C. la convirtieron en una de sus residencias estivales. Con el dominio parto y sasánida, la ciudad completó una etapa de 900 años de supremacía en el centro de la meseta. En el 640 es conquistada por los árabes, que durante 300 años tuvieron el poder, creciendo notablemente. Los samánidas la conquistan en el 913 convirtiéndola en su capital; en el 1053 la ocupan los selyúcidas alcanzando esplendor y grandeza. Posteriormente ses ocupada por los ismailitas (siglo XII), mongoles (siglo XIII) y los timúridas (siglo XIV) aunque sin ocasionar grandes destrozos. Será el monarca safávida Abbas I (1587-1629) quien dejará una profunda huella en la ciudad, creando palacios, puentes, mezuitas, paseos y jardines de un valor artístico incomparable. En el siglo XVIII se inicia el declive. Primero con la invasión afgana de 1723 y posteriormente con la dinastía qajar, que trasladó la capitalidad a Teherán. Pero en el siglo XX se inició un lento pero incomparable resurgir. Alojamiento en el hotel.

día 6.   Isfahán

Desayuno buffet en el hotel. Comenzamos la visita de este auténtico túnel del tiempo que posee el encanto de una ciudad oriental extraída de las leyendas de Las Mil y una noches. Comenzaremos por la impresionante plaza Plaza de Naghsh-i Jahan  (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1979), en torno a la cual se despliega una colección majestuosa de edificios islámicos, como sacados de una fábula.

La plaza es enorme (510 x 165 m) y está jalonada de exquisitos tesoros de color turquesa. Es algo fuera de lo común. Construida por Sha Abbas I en 1612, sigue un orden perfecto que solo queda roto por cuatro monumentos de excepción. La armonía del conjunto viene marcada por una fachada corrida de dos pisos de altura, la planta baja formada por cientos de puertas idénticas, todas rematadas con el arco persa; el piso superior, de las mismas dimensiones y estructura, pero con balcones. Los elementos que quebrantan la unidad estética de la plaza son un contrapunto maravilloso, cada  uno de ellos con su propia personalidad. En el lado oeste, se eleva majestuoso el Palacio Ali Qapu, que hizo levantar Sha Abbas I y destinó para recibir a las personalidades llegadas del extranjero, tiene seis pisos y alcanza una altura de 48 m. Cada planta tiene un tipo de decoración distinto, destacando los frescos, los trabajos de filigrana en estuco de yeso, los mosaicos y la madera labrada. Las paredes interiores están adornadas con motivos vegetales, flores, pájaros y otros animales. Visitaremos las salas más interesantes, y desde el sexto piso del palacio, donde se encuentra el salón de los banquetes reales, disfrutaremos de una espléndida vista de la plaza. El flanco sur se haya ocupado por la Mezquita del Imam (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1979), una obra excepcional en la historia de la arquitectura mundial, solo comparable a San Pedro del Vaticano o el Taj Mahal de Agra, y en el caso de la decoración cerámica es una de las mejores obras artísticas que el hombre ha producido en todos los tiempos. Impulsada por Sha Abbas I, se empezó a construir en 1612 y se finalizó en 1638, configurando el más imponente y armonioso conjunto de toda la arquitectura iraní. El patio central marca el ritmo de toda la construcción que se ordena en base a una estricta simetría, solo rota por el iwan norte, que comunica con la plaza del Imam. El iwan sur, de mayores dimensiones da acceso al haram (santuario) donde se encuentra el mihrab. Sobre esta sala se alza una enorme cúpula de 54 m de altura, de cerámica verde y motivos florales blancos. Flanqueando el Haram se abren dos salas hipóstilas simétricas destinadas a la oración. El virtuosismo de los artistas safávidas alcanzó su máxima expresión en las decoraciones: la cerámica esmaltada cubre todos los rincones, formando dibujos geométricos, florales, escrituras cúficas e incluso versos. Debemos fijarnos en la parte inferior de los iwans, con cientos de alveolos formando triángulos esféricos y estalactitas, todo ello recubierto por la más inimaginable selección de cerámicas. En la parte oriental, casi queriendo pasar desapercibida, está la portada de la Mezquita Lotfollah (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1979), que ordenó construir (cómo no!) Sha Abbas I en 1602. Este edificio, más modesto en proporciones, rompe con la estructura de la mezquita clásica: no existe patio central, ni iwans, ni minaretes. La fachada de acceso nos muestra un portal con una compleja decoración de estalactitas y alveolos, todo revestido de cerámica esmaltada y policroma de motivos florales, con dominio del color azul. Su cúpula está claramente desplazada a la derecha, rompiendo con el ritmo clásico de las mezquitas. El tambor que sustenta la cúpula se halla revestido de azulejos y mosaicos, formando frases con el nombre de Alá; la cúpula combina el color salmón del fondo, con una decoración floral en blanco y azul. En el interior un pasillo nos conduce hasta la entrada de la única sala de oración de planta cuadrada. La decoración tanto en paredes como en la cúpula, se basa en los azulejos cerámicos con excepción de los bordes de los arcos en los que destaca un cordón de cerámica color turquesa. El conjunto emana una belleza serena y equilibrada. Almuerzo en restaurante local.

Cuando lleguemos al Palacio Chehen Sotun, nos parecerá que formamos parte de uno de los cuentos de las Mil y una noches. Construido por el Sha Abbas II en 1647, es uno de los mejores exponentes de la arquitectura real persa. El edificio se encuentra dentro del inmenso Jardín Chehen Sotun (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2011). Frente al pórtico principal se extiende un estanque de en el que se refleja el edificio con sus 20 columnas frontales. El interior es impresionante. El salón, decorado con espejos, está considerado uno de los mejores trabajos de este tipo del mundo; las paredes del vestíbulo principal están cubiertas por pinturas al fresco de extraordinario valor, con motivos de la corte del sha y episodios de la guerra contra los uzbecos. En otro salón, situado al sur, se combinan miniaturas con ventanas formadas por estucos y cristales de colores. Las galerías exteriores están decoradas con frescos, pero de influencia europea.

Para acabar este intenso día cruzaremos el portal de Qeysarieh, enorme puerta construida en 1619, decorada con frescos similares a los del palacio; el delicado trabajo en azulejos representa la quimera, el fabuloso animal que en Irán es la figura zodiacal de Sagitario, el símbolo astral de Isfahán. Llegaremos al Gran Bazar, donde late la vida de la ciudad. Tendremos tiempo libre para perdernos entre sus callejones, patios, caravasar y las galerías que conforman ese enorme y laberintico espacio lleno de vitalidad. Todas las especias de Oriente, desde el azafrán a la menta y del cardamomo al comino, asaltan el olfato del visitante, olores que se mezclan con los sonidos de los trabajos provenientes del Bazar y que advierten de una actividad paciente y armoniosa. Alojamiento en el hotel.

día 7.   Isfahán

Desayuno buffet en el hotel. Iniciamos el día dirigiéndonos a la Catedral de Vank, punto de encuentro de los cristianos armenios de todo Irán. En tiempos del Sha Abbas I, un importante número de armenios se trasladaron desde su Jolfa natal hasta Isfahán y se establecieron en un barrio que lleva el nombre de “Nueva Jolfa”, iniciando la construcción de su catedral, que finalizó el año 1655. La iglesia es una mezcla de mezquita safávida e iglesia armenia. La cúpula de ladrillo, sin cubierta de azulejos, es muy esbelta, y utiliza el sistema de doble cúpula. Son muy originales, la torre del campanario, en mitad del patio, y la torre del reloj, localizada sobre la entrada principal del recinto, ambas acabadas en un pináculo piramidal y fabricado de ladrillo con mínimas decoraciones en azulejos. El interior está completamente decorado con pinturas de gran calidad que representan escenas del Viejo y Nuevo Testamento, ángeles y apóstoles. El estilo es una mezcla de arte iraní y renacentista italiano. Los techos y parte de las paredes están recubiertos con azulejos esmaltados del período safávida. El altar guarda las reliquias de san José de Arimatea. El conjunto catedralicio se completa con el Museo de la Catedral de Vank, edificio de dos plantas, que fue construido en 1930, y en los que se exhiben manuscritos de los siglos X y XVII, de los que destacan las biblias, los góspel (según los cristianos armenios, Libro del Evangelio) y los libros de leyes. La sección de arte guarda algunas cerámicas y cuadros antiguos.

Seguidamente llegaremos a la Masjed-e Jame (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2011), la Mezquita del Viernes más antigua de Irán, que empezó a construirse en 1073, completándose a lo largo de varias etapas, que finalizaron en 1800. A pesar de que los elementos sean de distintas épocas el conjunto es clásico, y no afecta a la estética. El edificio posee un gran patio central de rodeado por cuatro iwans. Entraremos por el iwan del sureste y nos encontraremos con una sala de columnas de la época selyúcida. Detacamos la cúpula de 15 m de año 1088, construida sin emplear el sistema de la doble cúpula; la sala hipóstila, también del siglo XII, posee un nicho de oración con decoración a base de estuco, del período mongol, considerada una de las mejores del país. Por una pequeña puerta accederemos a la Sala de Invierno, edificada en 1447 en la época timúrida. Esta sala es excepcional tanto por sus columnas, muy bajas y robustas, como por el ambiente de recogimiento que se crea en el interior del recinto. Almuerzo en restaurante local.

El río Zayandeh cruza la ciudad y a lo largo de su curso existen 10 puentes, algunos por los que circula el tráfico rodado y otros, más antiguos, por los que solo circulan personas. Visitaremos el Puente Sio Se (“de los 33 arcos”), construido en 1602 por Abbas I, los 33 arcos superan el río en una zona que tiene una anchura de 300 m. También pasearemos por el Puente Khaju, considerado uno de los más bellos del mundo. Construido en 1650, mide 132 m de longitud y tiene una anchura de 12 m. Posee dos niveles de terrazas, el superior tiene en su centro unos pabellones finamente decorados con revestimiento cerámico en la parte del arco, y frescos en las paredes. Alojamiento en el hotel.

día 8.   Isfahán - Kashan - Qom

Desayuno buffet en el hotel. A primera hora iniciamos el regreso a Teherán, pero todavía nuestro periplo nos deparará algunas sorpresas. llegaremos a la antigua y tranquila ciudad de Kashan, ciudad del desierto, que destaca por la austeridad y belleza de las construcciones de adobe, y las badgir (torres de ventilación) que ya habremos visto en Yazd. Las alfombras que se fabrican en esta ciudad tienen fama mundial. Comenzaremos con la visita del Jardín Bagh-e-Fin (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2011), cuyo diseño actual pertenece al reinado de Abbas I. la superficie del jardín, de forma rectangular (120x150 m), se encuentra rodeada por un muro fortificado. En la zona central y elevado sobre un canal podremos observar el exterior del palacio Shortor-Galu, de época safávida; al suroeste el distribuidor de aguas y el pabellón Shotor Galou-e Fath-alishahi, del período qajar, formado por una cúpula que cubre un estanque cuadrado, con bella decoración en la parte inferior.

En muchas ciudades de Irán existen casas de valor histórico, todas ellas con una arquitectura adaptada al clima  y heredera de la tradición (con jardín, estanque, e iwan), pero el caso de Kashán es excepcional: sus casas (mas bien palacios), que pertenecieron a ricas familias del siglo XIX, están rodeadas por un alto muro que los aislaba de la ciudad, se encuentran en muy buen estado de conservación. Visitaremos la Casa de Borujerdi, cuyo origen se debe a un rico mercader llamado Haj Seyyed Jafar Borujerdi, y fue construida en la segunda mitad del siglo XIX. Un pórtico de entrada da paso a un estrecho pasillo y seguidamente llegamos al amplio patio con un gran estanque. Los salones y habitaciones se ubican alrededor del patio central, en cuyos extremos encontramos las estancias más importantes; en uno de ellos se elevan dos torres de ventilación. Encontraremos pinturas de Sani ol-Molk Ghaffari Kashari, fundador de la primer a escuela pictórica de Irán.

Finalmente llegaremos a la Mezquita y Madrasa Agha Bozorg, levantada en la segunda mitad del siglo XIX, y que presenta un concepto original, y es que está concebida como dos espacios en uno solo, siendo la única mezquita de Irán construida en la segunda planta. El piso bajo está ocupado por la escuela coránica y se articula en torno a un patio con un estanque en su centro. La mezquita con sus tres salas de oración, se sitúa en el piso superior dejando una amplia abertura para el patio de al escuela. Un iwan cubierto por una cúpula de ladrillo y dos minaretes gemelos con revestimiento de azulejos son la parte más destacable del conjunto. Seguimos la ruta hacia Qom según centro de peregrinación más importante de Iran  Continuamos nuestro camino, hasta llegar al Hotel de Teherán. Cena en el hotel y tiempo para descansar y asearnos.

día 9.   Teherán

Desayuno buffet en el hotel. El área metropolitana de Teherán tiene más de 16 millones de habitantes, y sus calles y edificios son un reflejo de los principales momentos políticos que ha atravesado el país durante este siglo. Activa, bulliciosa y contaminada, Teherán se despliega desde una altura de 1800 m en las montañas de Alborz, hasta los mil metros de los barrios meridionales. En la Edad Media fue un pequeño asentamiento que alcanzó notoriedad durante el período safávida (siglo XVI), como resultado de su ubicación estratégica, convirtiéndose en la capital de Irán en 1795. Cuando en 1926 Reza Sha se coronó emperador, la ciudad contaba con solo trescientos mil habitantes. El fundador de esta dinastía fue el responsable de la demolición de las fortificaciones de la ciudad, las murallas, las doce puertas monumentales y la antigua ciudadela, entre otros; pensó que estos monumentos no debían formar parte de una ciudad moderna y sobre sus ruinas se trazaron las grandes avenidas que atraviesan el centro, poblándose de villas al estilo occidental y de edificios barrocos y suntuosos que albergaron los distintos ministerios. Desde la revolución de 1978 la expansión ha sido imparable. Con la guerra Irán-Irak, se produjo la primera entrada masiva de los afectados por los bombardeos, después, la industrialización ha provocado la migración intensa de las zonas agrarias a la capital. Comenzamos la visita de la ciudad con el Museo Arqueológico Nacional, fundado en 1934, es el primer museo que se creó en el país, por el arquitecto francés André Godard. Los objetos que se exponen se remontan a más de ocho mil años de antigüedad, desde el Paleolítico y Neolítico a los primeros ladrillos pedernales e incluso armas y otros objetos de la Edad del Bronce hasta la era islámica contienen objetos del paleolítico, neolítico, calcolítico, Edad del Bronce, Edad del Hierro, además de objetos de las culturas de Oriente Medio, Dinastía Aqueménida, Imperio Seléucida, Partos y Sasánidas. Destacamos la vitrina donde está el Hombre de Marde namaki (1700 a.C.), con los objetos que llevaba con él, encontrado en estado momificado en Zanján; un mural de Dario I, en la que aparece Jerjes y su guardia personal; la escalinata de Persépolis, de la que se ha dicho que representa la perfección en las medidas de los escalones; en los lados, unos bajorrelieves donde siempre aparece la flor de loto: 12 pétalos representando los 12 meses; de Susa proviene una obra egipcia en la que se representa a Darío y a las 24 naciones que formaban su imperio, con inscripciones jeroglíficas en el frontal y escritura cuneiforme en el manto, en sus tres estilos: elamita, persa antiguo y babilonio; el Arquero de Susa, realizada en policroma, del siglo V a.C.

El lujoso Palacio de Golestán (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2013), obra maestra de la era Qajar, fue residencia durante más de 200 años de esta dinastía, integra elementos persas con influencias occidentales. El recinto palaciego, uno de los complejos arquitectónicos más antiguos de Teherán, se convirtió en sede del gobierno de la familia Qajar, que llegó al poder en 1779 e hizo de Teherán la capital del país. Construido en torno a un jardín con estanques y parterres, el palacio se amplió a mitad del siglo XIX. Su estilo innovador combina artes y artesanías tradicionales persas y elementos de la arquitectura y la tecnología del siglo XVIII. Visitaremos las salas más interesantes de este palacio, entre las que sobresale la Sala de los Espejos, construida como un iwan (recinto abovedado), tiene un delicioso trono de alabastro sostenido por figuras humanas; el Trono de Mármol, situado en el iwán central del palacio fue fabricada con sesenta y cinco piezas de mármol amarillo de Yazd; el palacio bâdgir (“edificio captaviento”), construido en 1806 y renovado a finales de ese mismo siglo. Le dan el nombre a la construcción cuatro torres “atrapavientos”, sistema de refrigeración tradicional de la arquitectura persa, cubiertas de azulejo en colores azul, amarillo y negro, y una cúpula dorada. Las torres, conduciendo el aire hacia un estanque situado bajo el cuarto central del edificio, lo refrigeran cuando el estanque está lleno del agua que llega del Alborz a través de un qanat (canal subterráneo). El edificio está flanqueado por dos balcones gushvar (pendientes). También pasearemos por los jardines de los complejos palaciegos extremadamente bellos y ciudades.

En un pequeño rincón del centro de Teherán yace bajo tierra un fabuloso tesoro de oro, diamantes, esmeraldas, perlas, rubíes y zafiros, una imponente colección de joyas que habla del lujoso pasado de los reyes persas que por su valor forma parte de las reservas nacionales iraníes:Museo de Joyas de Corona. Entre imponentes medidas de seguridad, el Museo Nacional de Joyas del país asiático, ubicado dentro de una cámara acorazada tras la aburrida fachada del Banco Central de Irán, recibe diariamente la visita de cientos de turistas, en su mayoría extranjeros, que observan impresionados riquezas dignas de fábula y el minucioso trabajo de los artesanos joyeros persas de siglos pasados."Esta colección es una colección sin parecido alguno, tanto en términos del trabajo artístico, como por ejemplo con los esmaltes sobre oro, o el tallado de piedras preciosas. Si bien no podemos decir que es única como colección de joyas, realmente en ningún otro lugar se puede ver este enorme volumen de piedras preciosas en un museo", explicó a Efe Reza Shurgalltí, director de la oficina de Moneda y Tesoro del Banco Central.El tesoro recoge joyas y artefactos empleados por varias dinastías de reyes iraníes de los últimos 400 años, particularmente del período de los Qajar y los Pahleví, y que fueron el más importante símbolo del poder y la riqueza de estos soberanos.El valor económico "extraordinario" de la colección, prácticamente incalculable en términos de valor histórico, cultural, originalidad y calidad de las piezas las ha convertido en parte formal de las reservas de divisas y como soporte para la moneda iraní.Lo cierto es que la entrada al lugar del tesoro impresiona al visitante, que nada más atravesar una puerta blindada de acero de más de un metro de espesor se encuentra cara a cara con riquezas jamás soñadas, como el diamante "Océano de Luz" (Darya-ye Noor en persa), el más grande color rosa del mundo con un peso de 182 quilates.Otras piezas son igualmente espectaculares en su lujo y en su artesanía, como el orbe terrestre creado hace 140 años para un rey de la dinastía Qajar. De casi un metro de altura, los orfebres emplearon 34 kilos de oro y engarzaron más de 50.000 rubíes, esmeraldas y diamantes (casi 4 kilos de piedras preciosas) en una pieza cuyo único fin fue el de satisfacer el gusto del rey.El Trono del Pavo Real, de oro y con 26.000 piedras preciosas engarzadas, o una espada ceremonial con 1.800 diamantes en su funda y empuñadura son otras de las joyas más curiosas que se pueden observar entre bandejas repletas de rubíes, esmeraldas y decenas de diamantes de más de 100 quilates. Las coronas reales también tienen un lugar importante, entre ellas las llevaron en su coronación Mohamad Reza Pahlaví (1919-1980) y su esposa Farah Diba, los últimos reyes de Irán derrocados en 1979 tras la Revolución Islámica, unos engorrosos artefactos con varios kilos de joyas y perlas engarzados cada uno.

día 10.   Regreso - Origen

A la hora determinada traslado al aeropuerto para tomar vuelo de regreso.

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